Al Mutamid
Viernes, Abril 20th, 2007Al-Mu’tamid de Sevilla (1040-1095), rey taifa de Sevilla (1069-1091). Hijo y sucesor de al-Mu’tadid, de la dinastía árabe de los Abadíes, que reinaba en Sevilla desde la disolución del califato de Córdoba. Al-Mu’tamid continuó la política expansiva, iniciada por su predecesor, con la incorporación de Córdoba al reino de Sevilla. Asimismo mantuvo la relación de vasallaje con los monarcas castellanos, lo que le obligó a pagar elevadas cantidades en concepto de parias. La costosa protección de Castilla se convirtió en amenaza cuando Alfonso VI conquistó Toledo (1085), lo que decidió a al-Mu’tamid a solicitar la ayuda de Yusuf ibn Tasfin, emir de los almorávides. Yusuf derrotó a Alfonso VI (1086), pero cinco años después, el emir almorávide ocupó Sevilla y al-Mu’tamid fue desterrado al Magreb, donde falleció en 1095. Fue un destacado poeta además de un importante mecenas de la cultura islámica, bajo cuyo reinado la ciudad de Sevilla se convirtió en uno de los principales núcleos intelectuales y artísticos de su tiempo.

En apenas un párrafo como el anterior podría resolverse la biografía de uno de los más novelescos personajes de la Edad Media Española: rey, intrigante donde los haya, negociador, maquiavélico antes de Maquiavelo, enamorado de Rummaykiya, poeta por encima de todas las cosas. Un hombre que llegó a tenerlo casi todo y que acabó sus días en un doloroso exilio norteafricano recordando, probablemente, el patio del Alcázar de Sevilla en el que el agua corría a la par del vino, de las palabras, de la belleza y el amor.
Es el propio Al Mutamid quien mejor refleja en sus versos el tránsito del todo a la nada. En algunos poemas, el poeta se muestra exultante, feliz, se sabe dominador y temido, como se aprecia en el siguiente poema, escrito a raíz de la conquista de Córdoba, pieza clave en sus ambiciones de expansión hacia el este de la Península:
¿Quién entre los reyes ha llegado a los extremos de este rey valiente?
¡Largo! ¡Ha llegado a vosotros el reino del Mahdí!
Pedí en matrimonio a Córdoba, la bella, cuando había
Rechazado a los que la pretendían con espadas y lanzas.
¡Cuánto tiempo estuvo desnuda!, más me presenté yo
y se cubrió de bellas túnicas y joyas.
¡Boda real! Celebraremos nupcias en su palacio,
mientras los otros reyes estarán en el cortejo del miedo.
¡Mirad, hijos de puta, que se acerca el ataque de un león
envuelto en una armadura de valor!